Qué incluye cada modalidad de trabajo, en qué casos conviene y cómo se organiza el proceso desde la primera entrevista hasta la devolución.
Cada consulta arranca con un motivo concreto: olvidos que se repiten, dificultad para sostener la atención en el trabajo, cambios en la organización de tareas o alteraciones de conducta que la familia nota antes que la propia persona. A partir de ahí se arma un plan de evaluación con instrumentos específicos, no una batería fija igual para todos.
Una o dos sesiones para reconstruir la historia: cuándo empezaron los cambios, en qué contextos aparecen, qué medicación hay de por medio, antecedentes familiares y nivel educativo. Esta parte define qué se va a medir y con qué profundidad.
Baterías que cubren memoria verbal y visual, atención sostenida y dividida, velocidad de procesamiento, lenguaje, praxias y funciones ejecutivas. Se aplican en dos o tres encuentros según tolerancia y motivo de consulta.
Los puntajes se leen en conjunto con la observación clínica y el estado emocional. Un rendimiento bajo aislado no dice nada; lo que importa es el patrón y su impacto en la vida diaria de la persona.
Reunión con la persona evaluada y, si lo autoriza, con familiares o derivantes. Se entrega un informe con hallazgos, hipótesis diagnósticas y recomendaciones concretas para el trabajo, el estudio o la casa.
Envío del informe a neurólogos, psiquiatras o médicos de cabecera cuando corresponde. El seguimiento puede ser presencial en el consultorio o remoto para quienes viven en otra jurisdicción.
Si querés entender cómo se articula este trabajo con el resto del proceso clínico, podés ver el enfoque de evaluación o escribir directamente desde contacto.
La evaluación neuropsicológica no empieza con una prueba, sino con una conversación. Antes de administrar cualquier batería necesitamos entender qué cambió, desde cuándo y cómo afecta la vida diaria de la persona. Ese orden evita estudios innecesarios y permite elegir los instrumentos que realmente aportan información.
Escuchamos el motivo de consulta: olvidos frecuentes, dificultad para sostener la atención, cambios en la organización o alteraciones conductuales. Revisamos antecedentes médicos, medicación y estudios previos. Si hay un derivante, coordinamos con él desde este primer momento.
Según lo conversado, definimos qué dominios cognitivos conviene explorar con mayor profundidad: memoria, atención sostenida, funciones ejecutivas, lenguaje o visoespacialidad. El plan incluye la cantidad de sesiones estimadas y los instrumentos a utilizar.
Las sesiones se realizan en consultorio, en bloques de trabajo con pausas. Se aplican pruebas estandarizadas y se registra la observación clínica durante toda la administración: cómo se sostiene la atención, qué estrategias usa la persona, cómo tolera la frustración.
Los puntajes se leen junto con la historia clínica, el nivel educativo y el estado emocional. Un resultado aislado no dice nada por sí solo. Cruzamos datos para identificar un perfil cognitivo y descartar explicaciones alternativas.
Explicamos los hallazgos con lenguaje claro, señalamos fortalezas y dificultades, y respondemos preguntas. Entregamos un informe escrito y, cuando corresponde, coordinamos el envío al neurólogo, psiquiatra o médico de cabecera.
Si el caso lo requiere, pautamos un plan de estimulación y controlamos la evolución en el tiempo. Para personas de otra jurisdicción ofrecemos seguimiento remoto, manteniendo la misma lógica de trabajo que en el consultorio.
Si querés conocer el marco clínico con el que trabajamos, podés leer nuestro enfoque o escribirnos desde la página de contacto para coordinar la primera entrevista.
La evaluación no termina en un puntaje. Termina en una lectura clara del perfil cognitivo, con pasos concretos que se pueden aplicar en la vida diaria, en el trabajo o en el seguimiento médico.
Se administran baterías estandarizadas de memoria, atención sostenida y funciones ejecutivas. Los resultados se cruzan con la entrevista, el nivel educativo y el estado emocional para describir cómo funciona cada área, no solo cuánto puntúa.
Olvidos repetidos, dificultad para organizar tareas o cambios de conducta no siempre responden a lo mismo. La evaluación ayuda a distinguir variaciones esperables de patrones que conviene seguir de cerca.
El informe técnico se traduce en una conversación con lenguaje accesible. Se revisan fortalezas y dificultades, se responden preguntas y se acuerdan adaptaciones concretas en casa o en el entorno laboral.
Cuando hay un neurólogo, psiquiatra o médico de cabecera involucrado, el informe se envía y el seguimiento se acuerda con esa persona. La idea es que el resultado sirva dentro del tratamiento, no al margen.
La primera entrevista y la administración de pruebas son presenciales. El seguimiento posterior puede hacerse de forma remota, con la misma trazabilidad del informe y las mismas instancias de devolución.
Si querés ver cómo se articulan estas instancias dentro del proceso completo, podés revisar el enfoque de trabajo o escribir directamente desde la página de contacto.